Cómo hacer hacer Pancitos de queso tradicionales

Si hay algo que siempre viene bien para acompañar el mate o un picoteo, son los pancitos de queso.

Esta receta, que tiene su origen en Brasil, es muy fácil de hacer, y queda con una miga húmeda, el exterior dorado y ese sabor a queso que enamora.

Se hacen con pocos ingredientes y no requieren harina de trigo, así que además son una buena opción sin gluten.

Ingredientes

  • 500 g de fécula de mandioca
  • 250 ml de leche
  • 100 ml de aceite (girasol o mezcla)
  • 1 cucharadita de sal fina
  • 2 huevos
  • 200 g de queso rallado (parmesano, pategrás, o mezcla)

Preparación

  1. Poné en una ollita la leche, el aceite y la sal. Llevá a fuego medio y calentá hasta que rompa el hervor. Apagá y reservá.
  2. En un bol grande, colocá la fécula de mandioca. Volcá encima la mezcla caliente y mezclá con cuchara hasta que se integre. Dejá entibiar unos minutos.
  3. Sumá los huevos de a uno y comenzá a amasar con las manos. Agregá el queso rallado y seguí amasando hasta lograr una masa blanda, lisa y uniforme. Si está muy seca, agregá un chorrito de leche; si está muy pegajosa, un poco más de fécula.
  4. Armá bolitas del tamaño de una nuez y acomodalas en una placa aceitada o con papel manteca, dejando espacio entre ellas.
  5. Llevá a horno precalentado a 200 °C durante unos 25 a 30 minutos, hasta que estén infladitas y doradas por fuera.
  6. Sacá del horno y dejá entibiar unos minutos. Servilos aún calentitos para disfrutar toda su textura y sabor.

Consejos:

  • Podés congelar los pancitos ya armados antes de hornear. Solo tenés que guardarlos separados en una bandeja y después pasarlos a una bolsa. Hornealos directamente congelados.
  • Usá quesos que tengan buen sabor: un pategrás estacionado, un sardo o incluso una mezcla de quesos también queda muy bien.
  • Si querés darles un toque distinto, podés agregar un poco de orégano seco o pimienta negra a la masa.
  • Para una presentación distinta, podés hacerlos más chicos y usarlos como bocadito para una picada con fiambres.

Son ideales para el desayuno, la merienda o una mesa de domingo.

Crocantes por fuera, suaves por dentro… ¡te van a pedir que los hagas siempre!

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